Doctor explicando la teoría del iceberg

La teoría del iceberg

¿Qué porcentaje de las decisiones que tomas en tu día a día crees que son conscientes? ¿Cuándo decides comprar unos pantalones o unos zapatos, de verdad piensas que es una decisión tomada desde la razón? ¿Cuántas veces te has planteado que tu objetivo en la vida es trabajar menos y vivir mejor, y sin embargo cuando han pasado sólo algunas semanas estás trabajando más que nunca? ¿Por qué algunas personas que quieren perder peso y saben lo que deberían comer para no engordar, lo primero que escogen es justamente lo contrario? ¿Conoces la teoría del iceberg?

En el mundo occidental, hemos sido educados en base al paradigma racional o consciente. Piensa bien lo que vas a hacer, analiza los pros y contras, evalúa los riesgos vs los beneficios, estás son algunas de las frases que abanderan este paradigma racional. Sin embargo una vez tras otra nos encontramos con paradojas que enredan nuestro día a día, haciéndolo más difícil de lo que nos gustaría y alejándonos de nuestros objetivos.

Sólo la última parte de la decisión es un proceso consciente o racional.

En realidad, la toma de decisiones, tanto de las pequeñas como de las grandes decisiones, es un proceso neurológico equivalente al de un iceberg. Sólo la última parte de la decisión es un proceso consciente o racional, es aquella parte que tiene que ver con hacer consciente la carencia o la búsqueda y finalmente llevarla a cabo; concretamente se hace en el neocórtex. Puede parecer mucho, pero no lo es. Cuando lo comparamos con todo el proceso que se lleva a cabo en el subconsciente o estructuras cerebrales profundas, la parte racional es mínima. Se dice que aproximadamente el 90% corresponde al subconsciente, mientras que sólo el 10% corresponde a la razón. La mente consciente procesa información a 400 bit por segundo y la mente inconsciente procesa información a 40 millones de bits por segundo. La imagen que mejor ilustraría esta comparativa sería la de un iceberg.

Recuerdo el caso de un amigo, que tenía problemas con su pareja porque estaba trabajando lejos de casa. Se trataba de un trabajo que ni siquiera le gustaba demasiado, pero había adquirido un compromiso con su jefe que si aceptaba, debía permanecer allí durante mínimo 1 año. Resulta, que en su caso, la distancia estaba mermando su relación de pareja, además de impedirle ver a su hijo de 2 años. Me explicaba cómo de mal lo estaban pasando él y su mujer por este trabajo a miles de quilómetros de distancia de su hogar. Yo le pregunté, ¿Qué es más importante para ti, tu trabajo o tu familia? Enseguida me contestó “Mi familia, por supuesto”. Y, ¿es imprescindible el dinero que consigues con este trabajo o podrías conseguirlo con otro trabajo más cerca de casa? “No es imprescindible, seguro que podría conseguir un trabajo similar cerca de casa, pero con un sueldo un 20% menor”. ¿Qué te impide dejar el trabajo y volver a casa entonces? “El compromiso que adquirí con mi jefe”. ¿Entonces tu mente considera más importante el compromiso con tu jefe que tu familia? “Por supuesto que no, para mi la familia es lo primero”. Sin embargo no eres capaz de dejar ese trabajo que está a punto de romper vuestra familia.

Este es un ejemplo de como el cerebro racional opina una cosa: “mi familia es más importante que mi trabajo y mi compromiso con mi jefe”, pero el cerebro subconsciente no es capaz de romper el compromiso que le permitiría solucionar su problema.

Las emociones se encuentran almacenadas muy dentro del subconsciente, donde se llevan a cabo las «ecuaciones» de análisis previa a la toma de decisiones.

¿Cómo debemos enfocar una situación como esta o similar? Hay que preguntar que significa el compromiso para él y que experiencias emocionales, creencias, guiones de vida, ha adquirido a lo largo de su vida relacionados con el compromiso. Pueden ser mensajes desde la infancia por parte de sus padres, donde se le insistió en la importancia de no romper nunca un compromiso, puede ser una experiencia emocional negativa como consecuencia de haber roto un compromiso, por ejemplo: “una vez le prometí a un amigo que no le dejaría sólo, y el único día que lo dejé sólo se suicidó”.

A nivel del subconsciente, en el primer caso, romper un compromiso puede significar faltar el respeto a sus padres, y en el segundo caso, aumentar todavía más el sentimiento de culpa. Estas emociones se encuentran almacenadas muy dentro del subconsciente, donde se llevan a cabo las “ecuaciones” de análisis previa a la toma de decisiones. Si estas “ecuaciones” no se pueden realizar de forma fluida porque hay información en el subconsciente que lo impide, es cuando aparecen los comportamientos paradójicos como en el ejemplo anterior.

Existen muchos casos de comportamientos paradójicos habituales: quiero dejar de fumar y no soy capaz, quiero perder peso y no dejo de comer cosas que no debo, quiero escoger una pareja que me quiera y me haga bien y sin embargo acabo escogiendo lo contrario.

La solución a estas dificultades, no pasa por el pensamiento racional ni tampoco por el comportamiento, pasa de forma indispensable por resolver los nudos neurológicos almacenados en el subconsciente. Terapias utilizadas en Psiconeuroinmunología Clínica como EMDRhipnosis clínica o visualizaciones, resuelven este tipo de nudos que dinamitan nuestro día a día impidiéndonos la felicidad.

«Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino»

Carlo Jung

Autor: David Vargas Barrientos

Graduado en Fisioterapia
Máster en Psiconeuroinmunología Clínica
Máster en Biología Molecular y Biomedicina
Profesor y codirector del Postgrado Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera.

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